‘A la Sombra de los Moon’ por Nansook Hong

Actualizado 15 de diciembre, 2018

A la Sombra de los Moon
Mi vida en la familia del reverendo Sun Myung Moon.

por Nansook Hong 1998

Little, Brown & Co., Boston, New York, Toronto & London, 1998

* El libro de Nansook Hong aún no se ha publicado en español. La portada del libro que se muestra arriba está traducida de la portada en inglés.
Su libro ha sido publicado en inglés, francés, alemán y japonés. Se ha realizado una traducción parcial de su libro al español.

Nansook Hong entrevistada


Texto de la contraportada

El recinto apartado de 7.284 hectáreas donde vivíamos en Irvington, a cuarenta minutos al norte de la ciudad de Nueva York, es la sede mundial de la Iglesia de la Unificación y el hogar del fundador del movimiento religioso que el mundo conoce como “Moonies”. La finca East Garden, había sido mi prisión personal durante catorce años, desde el día en que el Reverendo Moon hizo que viniese desde Corea para convertirme en la novia niña de su hijo mayor, el heredero de la misión divina de Moon y del imperio terrenal. Para ese entonces, yo solo tenía quince años, una colegiala ingenua ansiosa de servir a su Dios. Ahora, era una mujer dispuesta a reclamar su vida. Hoy, me escaparía. Tomaría la única cosa sagrada de este matrimonio, mis hijos, y dejaría atrás al hombre que me golpeó y al falso Mesías que lo permitió, hombres tan imperfectos que ahora sabía que Dios nunca habría elegido a Sun Myung Moon o su hijo para fuesen sus representantes en la tierra.

Aceptar al Reverendo Moon como el fraude que ahora sé que fue, se convirtió en un proceso lento y doloroso. Solo fue posible porque esa realidad, al final, no afectó mi fe en Dios. Moon le había fallado a Dios, pero Dios no me había fallado a mí. Fue solo Dios quien me consoló, una niña-mujer en manos de un esposo que me trató como un juguete para su placer sexual o como un desahogo para su rabia violenta.

Dios me estaba guiando ahora mientras observaba a mis hijos dormidos y las maletas que habíamos estado haciendo clandestinamente durante semanas. Mi creencia en el Reverendo Sun Myung Moon había sido el centro de mi vida durante veintinueve años, pero una fe destruida no puede vencer el amor de una madre. Mis hijos habían sido mi única fuente de alegría en el mundo enclaustrado y venenoso de la Familia Verdadera. Tuve que huir tanto por su bien como por el mío.



El matrimonio de Hyo Jin Moon y Nansook Hong de quince años, oficiado por Sun Myung Moon y su esposa, Hak Ja Han, el 7 de enero de 1982. La edad de consentimiento en el estado de Nueva York era de 17 años en 1982 y todavía sigue siendo la misma.


Solapas de la portada del libro

“Nunca supe exactamente por qué Sun Myung Moon me eligió para casarme con su hijo mayor. A medida que pasaron los años, llegué a creer que mi juventud y mi ingenuidad eran las razones centrales para elegirme. Su esposa ideal era una chica joven y lo suficientemente pasiva como para someterse, mientras él la moldeaba en la mujer que quería. El tiempo probaría que yo era joven, pero no lo suficientemente pasiva”.

Nacida en Corea del Sur, hija de padres profundamente religiosos, Nansook Hong asistió a la escuela dominical; se le enseñó a no fumar, beber o tener relaciones sexuales prematrimoniales y a creer en un Mesías que un día salvaría a la humanidad. Ese Mesías fue el Reverendo Sun Myung Moon, líder de la Iglesia de Unificación.

Hija de miembros prominentes de la iglesia, Nansook fue seleccionada a los quince años por el Reverendo Moon para casarse con su hijo, Hyo Jin, el heredero del imperio espiritual y económico de Moon. Desarraigada bruscamente de su vida en Corea, Nansook se mudó al opulento y apartado recinto de la familia Moon, no lejos de la ciudad de Nueva York y comenzó su segundo año en la escuela secundaria, sin hablar inglés y ocultando un matrimonio que podría haber presentado cargos de violación estatutaria. Su miseria pronto se completó: su marido se acostaba con prostitutas y bebía, mientras que sus padres culpaban a Nansook por no reformar a su hijo descarriado. Peor aún fue la hipocresía que presenció en las vidas de la familia Moon, quienes afirmaban ser encarnaciones sin pecado de los valores familiares. En cambio, se enfrentó a la codicia, el adulterio, las drogas ilícitas y, finalmente, a la violencia física.

Durante sus catorce años de matrimonio con Hyo Jin Moon, Nansook tuvo cinco hijos mientras asistía a la escuela secundaria y al Barnard College en Manhattan. Sus hijos le proporcionaban su único consuelo en una vida de soledad y miedo. Finalmente, con el apoyo de unos pocos aliados y una fe inquebrantable en Dios, hizo un escape riesgoso del recinto. Esta es la desgarradora historia de sus años como esposa maltratada y miembro privilegiado de un culto religioso, y su lucha por crear una vida para ella y sus hijos, más allá de la sombra de los Moon.


Estoy cantando en una celebración de cumpleaños de la familia Moon en la mansión en East Garden. El Reverendo Sun Myung Moon nos hacía cantar en las reuniones familiares y de la iglesia, una práctica a la que temía, por la mala calidad de mi voz.


Para mis hijos


Tabla de contenido
Prólogo              3
Capítulo 1         13
Capítulo 2         33
Capítulo 3         51
Capítulo 4         74
Capítulo 5         94
Capítulo 6       112
Capítulo 7       133
Capítulo 8       154
Capítulo 9       179
Capítulo 10      207
Epílogo            224



Las familias Moon y Hong. De izquierda a derecha: Jin-Whi Hong (estaba casado con Ye Jin, divorciada, dejó la Federación de Familias para la Paz y la Unificación Mundial), la Sra. Gil Ja Yoo Hong (madre de Jin-Whi y Nansook, dejó la Federación de Familias), Moon, Hyo-Jin (divorciado, murió a los 45 años por problemas cardíacos que podrían atribuirse a sus adicciones a las drogas), Nansook Hong (se divorció de su abusivo esposo y dejó la Federación de Familias), Hak Ja Han, Sung-Pyo Hong (padre de Jin-Whi y Nansook; fundador de Il Hwa compañía que es una gran fuente de ingresos para los Moon, frecuentemente fue humillado en público por Moon, dejó la Federación de Familias) y Ye-Jin Moon (se divorció y parece no estar muy clara con respecto a la religión/organización de sus padres. Ella ayudó Nansook a escapar de la mansión East Garden.).


página 3

Prólogo

El sonido de mi beeper me despertó de golpe. Me di cuenta con pánico que había salido el sol. La luz, pasando a través de los ventanales, se reflejaba en el papel a rayas azul de la habitación de mi bebé. Podía ver el contorno de las colinas afuera desde el piso, al pie de la cuna de Shin Hoon, donde debí haberme quedado dormida justo antes del amanecer del 8 de agosto de 1995.

Sabía que era Madelene tratando de localizarme. Un rápido vistazo a mi reloj confirmó que llegaba tarde a nuestro encuentro a las 5:00 a.m. ¿Cómo pude haber sido tan descuidada en esto de todos los días? Después de meses de reuniones secretas y una planificación cautelosa, ¿Había puesto en peligro todo en el último momento?

Crucé el ancho pasillo hasta el dormitorio principal, mis pies desnudos en silencio sobre la alfombra carmesí. Apenas respiraba mientras presionaba mi oído contra la puerta oscura laqueada. Sólo escuché la tos gutural de mi esposo que siempre seguía a las sesiones de cocaína de toda una noche.

Nuestra única esperanza era que el efecto de la droga dejara a Hyo Jin inconsciente por una mañana más. Durante meses apenas había notado que los muebles, la ropa y los juguetes desaparecían del segundo piso de la mansión de ladrillo donde vivíamos en la finca de su padre, el Reverendo Sun Myung Moon, fundador de la Iglesia de la Unificación y autoproclamado Señor del Segundo advenimiento.

Fue hace solo una semana, que los ojos rojos de Hyo Jin habían registrado la ausencia de la computadora IBM que usualmente ocupaba un rincón de la habitación de Shin June. “¿Dónde está la computadora?”, Le preguntó a Shin June, la mayor de nuestros cinco hijos. A los doce años, muy naturalmente, ella asumió el papel de complice. Vivir en el complejo de los Moon, una atmósfera cargada de una intriga palaciega más que de espiritualidad, había enseñado bien a mis hijos a guardar secretos.

“Está rota papá, la están arreglando”, respondió ella sin dudarlo. Su padre se encogió de hombros y volvió a su habitación.

Digo “su” habitación porque hacía tiempo que había abandonado la suite principal. Era más una sala privada de drogadicción de mi esposo que un dormitorio, su alfombra de color crema llena de colillas de cigarrillos y botellas de tequila vacías, su reproductor de cintas, VCR, programado para reproducir una interminable variedad de videos pornográficos.

Había tratado de mantenerme lo más lejos posible de esa habitación desde el otoño anterior, cuando descubrí a Hyo Jin allí, inhalando cocaína después de tantas de sus falsas promesas de parar. Intenté tirar la cocaína por el retrete. Él me golpeó tan severamente que pensé que mataría al bebé que llevaba en mi vientre. Me hizo barrer el polvo blanco derramado del piso del baño incluso mientras continuaba golpeándome. Más tarde, Hyo Jin ofrecería una justificación religiosa por golpear a una mujer embarazada de siete meses casi sin sentido: me estaba enseñando a ser humilde en presencia del hijo del Mesías.

El recinto apartado de 7.284 hectáreas donde vivíamos en Irvington, a cuarenta minutos al norte de la ciudad de Nueva York, es la sede mundial de la Iglesia de la Unificación y el hogar del fundador del movimiento religioso que el mundo conoce como “Moonies”. La finca East Garden, había sido mi prisión personal durante catorce años, desde el día en que el Reverendo Moon hizo que viniese desde Corea para ser la novia niña de su hijo mayor, el heredero de la misión divina y del imperio terrenal de Moon. Para ese entonces, yo solo tenía quince años, una colegiala ingenua ansiosa de servir a su Dios. Ahora, era una mujer dispuesta a reclamar su vida. Hoy, me escaparía. Tomaría la única cosa sagrada de este matrimonio, mis hijos, y dejaría atrás al hombre que me golpeó y al falso Mesías que lo permitió, hombres tan imperfectos que ahora sabía que Dios nunca habría elegido a Sun Myung Moon o a su hijo para fuesen sus representantes en la tierra.

Es fácil para los que están fuera de la Iglesia de la Unificación burlarse de la idea de que alguien hubiera creído tal cosa en primer lugar. Para la mayor parte del mundo, el nombre Moonies evoca imágenes de jóvenes con lavado de cerebro desperdiciando sus vidas vendiendo flores en las esquinas de las calles para enriquecer al inteligente y carismático líder de un culto religioso.

Hay algo de verdad en ese punto de vista, pero es demasiado simplista. Nací con mi fe. Al igual que los niños de las religiones cristianas más importantes se crían para creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, enviado a la tierra para redimir los pecados de la humanidad, en la escuela dominical se me enseñó que el Reverendo Moon había sido elegido por Dios para completar la misión de Jesús de restaurar el Jardín del Edén. El Reverendo Moon fue la Segunda Venida.

Con su esposa, el Reverendo Moon engendraría a la primera Verdadera Familia de Dios sin pecado. Sus hijos, los Hijos Verdaderos, se construirían sobre esa base impecable. Los miembros de la Iglesia de Unificación serían injertados en el linaje de sangre pura de la Familia Verdadera en ceremonias de bodas organizadas y bendecidas por el Reverendo Moon, cuya naturaleza masiva ha atraído tanta atención en todo el mundo.

Esas creencias, aisladas de la teología en la que están integradas y de la cultura de la que surgieron, son ciertamente extrañas. Pero ¿Y los milagros de Jesús? ¿O la separación del mar rojo? ¿Las historias bíblicas de nacimientos virginales y resurrección no son igualmente fantásticas? Toda creencia es cuestión de fe. Si la mía era diferente, tal vez fuera tan solo en su intensidad. ¿Hay alguna fe más poderosa, más inocente, que la fe de un niño?

Pero toda la fe es probada por la experiencia. El Reverendo Moon, ¿sin pecado? Los niños de los Moon, ¿perfectos? ¿Padre?, quién demostraba desprecio por la ley civil cada vez que aceptaba una bolsa de papel llena de dinero imposible de rastrear, no declarado de los verdaderos creyentes. ¿Madre? quién pasaba tanto tiempo en tiendas de ropa elegante, que su hijo menor una vez respondió: “Ella va de compras”, cuando su maestra le pidió que describiera el trabajo de su madre. ¿El hijo mayor? quién fuma, conduce ebrio, abusa de las drogas y tiene relaciones sexuales prematrimoniales y extramatrimoniales, violando la doctrina de la iglesia. ¿Es esta la Sagrada Familia? Es un mito que solo puede sostenerse desde la distancia.

Aceptar al Reverendo Moon como el fraude que ahora sé que fue, se convirtió en un proceso lento y doloroso. Solo fue posible porque esa realidad, al final, no afectó mi fe en Dios. Moon le había fallado a Dios, como me había fallado a mí y a todos sus idealistas y confiados seguidores. Pero Dios no me había fallado. Fue a Dios a quien me volví llena de soledad y desesperación, una adolescente de rodillas en una casa extraña, en una tierra extranjera rezando por su auxilio. Fue solo Dios quien me consoló, una niña-mujer en manos de un esposo que me trató como un juguete para su placer sexual o como desahogo para su rabia violenta.

Dios me estaba guiando ahora mientras observaba a mis hijos dormidos y las maletas que habíamos estado haciendo clandestinamente durante semanas. Mi creencia en el Reverendo Sun Myung Moon había sido el centro de mi vida durante veintinueve años, pero una fe destruida no puede vencer el amor de una madre. Mis hijos habían sido mi única fuente de alegría en el mundo enclaustrado y venenoso de la Familia Verdadera. Tuve que huir tanto por su bien como por el mío.

Cuando les dije por primera vez a mis hijos mayores que me iría, ninguno eligió quedarse atrás, a pesar de que sabían que sería el final del lujoso estilo de vida que siempre habían disfrutado. No habría mansión, ni chóferes, ni piscina olímpica, ni bolera privada, ni clases de equitación, ni escuelas privadas, tutores japoneses ni vacaciones de primera clase a las que íbamos.

Fuera de las paredes del recinto de los Moon, no serían idolatrados como los verdaderos hijos del Mesías. No habría miembros adoradores de la iglesia que se inclinasen ante ellos y compitiesen por la oportunidad de servirles.
“Solo queremos vivir en una casita contigo, mamá”, me dijo la mayor, con su humilde fantasía reflejando la mía.

Y, sin embargo, la duda y la tristeza imprevista habían mantenido el sueño acorralado durante la mayor parte de la noche. Mucho después de que la familia se quedase en silencio, caminé por los pasillos y las habitaciones familiares de la mansión, rezando y llorando calladamente. Cada vez que cerraba los ojos, mi mente se llenaba con las preguntas que me habían perseguido durante meses. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Marcharnos era realmente una manifestación de la voluntad de Dios o era una señal de mi propio fracaso? ¿Por qué no había podido hacer que mi marido me amara? ¿Por qué no había podido cambiarlo? ¿Debo quedarme y orar para que mi hijo, una vez que se haga mayor, pueda algún día devolver la Iglesia de la Unificación a un camino recto?

Tenía temores aún más apremiantes. Abandonar la órbita del Reverendo Sun Myung Moon nos convertiría a mí y a mis hijos en parias espirituales, pero ¿Nos pondría en peligro físico también? Si huía, ¿Me seguiría la iglesia para silenciarme? Pero si me quedaba ¿Estaría más segura? ¿Cuántas veces había amenazado Hyo Jin con matarnos a los niños y a mí? Si él estaba lo suficientemente drogado o borracho, era capaz de cumplir sus amenazas; lo sabía. Tenía las armas para hacerlo si quería, un verdadero arsenal comprado con fondos de la iglesia que usaba para aterrorizarme a mí y a cualquier otra persona que se interpusiera en su camino.

Me recordé a mí misma que no estaba actuando apresuradamente. Había estado planeando este día desde el invierno pasado, cuando la última y más descarada infidelidad de Hyo Jin sacó, incluso, al Reverendo Moon de su habitual indiferencia. Cuando el padre continuó insistiendo en que era yo quien tenía la culpa de los pecados de mi marido, que era mi fracaso como esposa lo que explicaba el camino rebelde de su hijo, supe que tenía que irme.

Yo había tomado todas las precauciones. Comencé a ahorrar dinero en cuanto tomé la decisión de huir. Saqué dinero del banco que había reservado para la educación de los niños. Me aferré a cada dólar de los miles en efectivo que la Sra. Moon periódicamente me entregaba para gastarlo; cuando me llevó a una boutique de Jaeger para vestirme para la ceremonia de la iglesia en honor al nacimiento de mi bebé, usé el traje de mil dólares que compró con las etiquetas discretamente escondidas. Al día siguiente lo devolví para que me reembolsaran el dinero en efectivo.

Con la ayuda de mi hermano y su esposa, la hija mayor del Reverendo Moon, encontré una casa modesta en la ciudad de Massachusetts donde ellos ya vivían en el exilio de los Moon. Sentí envidia cuando salieron de la iglesia por primera vez, y ahora aquí estaba yo, unos pocos años más tarde, confiando en que me guiasen hacia la libertad que habían encontrado. Me había preocupado por ellos al igual que por mis propios padres, miembros del grupo de élite de los discípulos coreanos originales de Moon, que habían abandonado la Iglesia de la Unificación con disgusto por ese mismo tiempo. Mis padres esperaban en Corea que mi hermano les diese la noticia de que yo era libre.

Estaba muy agradecida. Con demasiada frecuencia daba por sentado el apoyo de mi hermano, incluso cuando era niño. Incluso cuando no estábamos de acuerdo, y lo hacíamos a menudo, Jin siempre estaba allí para apoyarme. Jin me buscó abogados que me aconsejaron cómo protegerme y proteger a mis hijos una vez que fuésemos libres. Sus consejos ayudaron a elegir el día en que nos iríamos. Huiríamos un martes porque el tribunal de familia en el condado de Massachusetts, donde viviríamos, atendía las solicitudes de las mujeres maltratadas los miércoles, para conseguir las órdenes de alejamiento contra sus abusivas parejas. También intenté proteger a aquellos que dejaría atrás. Kumiko había sido mi niñera durante cinco años. Ella era un miembro devoto de la iglesia de Japón, al igual que su esposo, un jardinero en la finca East Garden. Durante semanas me había visto empacar cajas, pero no dijo nada. Ningún miembro sería lo suficientemente impertinente como para cuestionar a alguien de la Familias Verdadera. Pero durante años ella había visto el dolor en mi vida de primera mano. Me preocupaba que la llamaran a rendir cuentas cuando el Reverendo Moon supiera que nos habíamos ido.

Un mes antes de que huyéramos, le pregunté a Kumiko dónde le gustaría a ella y a su esposo vivir en el mundo. Querían volver a Japón, con los padres de su marido. Eran mayores y él era hijo único. Querían ir a casa para cuidar de ellos.

Sabía que no se producían cambios de personal en East Garden sin la aprobación de la Sra. Moon o Madre, como nos dirigimos a ella. Veintitrés años más joven que el envejecido Reverendo Moon, ella es cada vez más poderosa detrás del trono. Nunca habíamos sido cercanas, en parte porque se rodeaba de aduladores hambrientos de influencias que elevaban su propia reputación al informarle de mi supuesto fracaso como esposa o madre. Sin embargo, largos años de experiencia me habían enseñado como conseguir pequeños favores de la Madre.

Me encontré embelleciendo la historia a medida que avanzaba. Los padres del marido de Kumiko no solo eran viejos, por lo que yo sabía, sino que también estaban enfermos. La pareja necesitaba volver a Japón para atenderlos. Preferiría prescindir de una niñera que apartarlos de su deber. Ese último punto le calaría hondo a la Madre, lo sabía. ¿Cuántas veces se había quejado el Padre de que su personal era demasiado grande, demasiado caro para alimentarlo y alojarlo? Una niñera menos y un jardinero menos serían un logro por parte de la Madre. Ella accedió voluntariamente a dejarlos ir, diciéndome que me asegurara de que Peter Kim, el asistente personal del Reverendo Moon, les diera dinero para el viaje. Volaron a Japón dos días antes de que huyéramos.

Otra joven que me ayudó a cuidar al bebé debía casarse pronto en su casa en Corea con un guardia de seguridad en East Garden. Le dije que extendiera su visita a casa hasta octubre, tiempo suficiente, esperaba, para poner algo de distancia entre nuestro vuelo y su regreso.

Desde que el Reverendo Moon se construyera una casa separada de veinticuatro millones de dólares y un centro de conferencias en el lugar, habíamos compartido las áreas comunes de la mansión de diecinueve habitaciones en East Garden con la hermana de Hyo Jin, Jin y su familia. Con suerte, o con la ayuda de Dios, ellos se habían ido el fin de semana anterior y aún no habían regresado. Incluso si In Jin hubiera sido alertada de que podría estar planeando irme, ella nunca lo habría tomado en serio. Tal vez estaba tratando de asustar a Hyo Jin para que se comportase, llevándome a los niños, pensaría ella. Tal vez estaba tratando de darle una lección. Yo regresaría. Ni In Jin ni nadie más en la familia de los Moon habrían creído que me iría para siempre.

La verdad es que ninguno de ellos me conocía lo suficientemente bien como para saber qué haría. Ninguno de ellos me conocía en absoluto. En catorce años en el corazón de la familia de los Moon, nadie me había preguntado qué pensaba o sentía sobre nada. Ellos ordenaban; Yo obedecía. Hoy en día me hubiera gustado aprovecharme de su ignorancia.

Silenciosamente desperté a Shin Hoon. Cumplía nueve meses esa misma mañana y era un bebé tan bueno; no lloró cuando lo vestí con un jersey de manga corta y luego sacudí suavemente a sus hermanos para que despertaran. Les advertí a los niños que se vistieran en silencio mientras yo iba a encontrarme con Madelene.

En el último año, Madelene Pretorius se había convertido en mi primera amiga de verdad. Ahora, en el otro extremo de mi beeper, ella era un instrumento para mi escape. Madelene había sido atraída a la Iglesia de la Unificación diez años antes durante un encuentro casual con un Moonie en un muelle de peca mientras estaba de vacaciones en San Francisco. Es una técnica clásica de reclutamiento de las iglesias, que hace amistad con una persona joven que viaja sola lejos de casa. La conversación pronto se dirige de la cortesía a la filosofía de la iglesia. Un encuentro exitoso termina cuando el turista acepta asistir a una conferencia o reunión. Algunos de ellos nunca vuelven a sus hogares.

Durante los últimos tres años, Madelene trabajó para Hyo Jin en Manhattan Center Studios, la instalación de grabación que la iglesia poseía en la ciudad de Nueva York. Ella había visto de primera mano el abuso de cocaína y la ira de mi marido. Cuando le confié mi plan de huir, ella me ofreció ayuda. Era arriesgado. Si él sabía que ella había ayudado, él también se volvería contra ella.

Hyo Jin ya sospechaba de nuestra amistad. Hace solo unas semanas, él había venido a la cocina y nos encontró hablando tranquilamente tomando el té. Me ordenó que subiera y a Madelene que saliera de East Garden. Arriba, me amenazó con romperme cada uno de mis dedos si me atrevía a tener una amistad personal con un miembro de la iglesia. Tales amenazas eran típicas de su comportamiento controlador y posesivo.

Me estremezco ahora al recordar los esfuerzos de mi esposo por controlarme. Saludé al jardinero y los guardias de seguridad mientras conducía sola a través de las puertas de hierro de East Garden para encontrarme con mi amiga. Ella estaba esperando frente a la tienda local de delicatessen. La llevaría de vuelta al complejo clandestinamente, tal como había estado sacando nuestras pertenencias fuera de la finca durante semanas. Casi a diario, pasé por delante de las cámaras de seguridad omnipresentes con sillas y lámparas, cajas y maletas. Los guardias aceptaron sin lugar a dudas que estaba reorganizando los muebles y guardando ropa vieja en Belvedere, otra mansión de los Moon que quedaba a poca distancia. La Sra. Moon lo hacía todo el tiempo.

En verdad, me había estado dirigiendo al almacén que había alquilado para guardar los muebles para iniciar una nueva vida. Hoy también era hora de que nos fuéramos. Mi hermano y Madelene estaban esperando.

Las calles de Irvington y Tarrytown estaban tranquilas. Era pleno verano, cuando los turistas en busca del espíritu del Sleepy Hollow de Washington Irving comparten el campo con los lugareños. Pero era demasiado temprano para que ninguno de los dos se moviera. Encontré a Madelene en la esquina designada y la metí en el recinto debajo de una manta para que pudiera ayudarme con los niños. Volveríamos a esta misma esquina para recuperar su auto, reunirnos con mi hermano y viajar juntos a Massachusetts en una caravana.

Una vez que habíamos cargado la última de las maletas en la camioneta, Madelene y yo llevamos a cinco niños descalzos de puntillas, pasamos por el dormitorio principal, bajamos la escalera central y salimos por la puerta principal. Su padre nunca se movió.

Madelene acomodó a los niños en cada hueco disponible en la sobrecargada camioneta y luego se deslizó en el asiento del pasajero con cuidado de usar mantas para ocultar a los niños y a ella misma para no ser vistos. Conduje lentamente la camioneta por el largo camino sinuoso y bordeado de olmos antiguos. Salí por la puerta principal, sonriendo a un guardia de seguridad que había ocupado su puesto unos días antes. Salí de East Garden hacia Sunnyside Lane. No miré hacia atrás.



Seis meses antes de huir del recinto Moon, posé con la Madre Verdadera y el Padre Verdadero en el aniversario de los primeros cien días del nacimiento de Shin Hoon. Debido a que su consumo de alcohol y drogas dejó a Hyo Jin sin condiciones para participar, nos fuimos sin la tradicional ‘Celebración del centésimo Día’.


página 13

Capítulo 1

El Reverendo Sun Myung Moon es un hombre pequeño y compacto con el cabello fino y gris, que se tiñe de color negro como el betún. Si se lo encontrara en una calle de Seúl no lo notaría su apariencia física es tan insignificante.

Es ingeniero eléctrico por formación. Su manera de hablar llama más la atención por su aguante, porque puede hablar en coreano monótonamente durante horas, que por su carisma. Cuando predica en inglés apenas se le entiende, provocando risas involuntarias en las ocasiones frecuentes en que destroza el idioma.

Entonces ¿Cómo este hijo de granjero, que ahora tiene setenta y ocho años, se convirtió en líder de un movimiento religioso que ha atrapado a millones de personas en todo el mundo y se ha enriquecido con el fruto de su labor? La respuesta tiene mucho que ver con el momento y el lugar en el que surgió la Iglesia de la Unificación, así como con el hombre en sí.

El mensaje mesiánico del Reverendo Sun Myung Moon podría haber parecido el delirio de un loco subido a una tarima en el Times Square de Nueva York. Sin embargo, el Reverendo Moon surgió del suelo coreano, aparte de las circunstancias particulares de las tradiciones espirituales de mi país y su siglo turbulento de ocupación extranjera, guerra civil y división política.

Corea es una tierra definida por su geografía, una península unida y separada a la vez del este de Asia continental, por las montañas Everwhite (Monte Paektu) y los ríos Yalu y Tumen. Esas barreras naturales mantuvieron a mi patria aislada durante siglos del mundo exterior, al igual que sus veintiséis picos montañosos más altos mantenían a nuestra gente separada una de otra. Que lográsemos forjar una identidad nacional y un lenguaje mutuo es algo así como un milagro.

Cuando la influencia extranjera se infiltró en Corea, vino de China a través de los puertos montañosos del norte y de Japón, cuya isla más grande, Honshu, se encuentra a solo 120 millas al este en el Mar de Japón. Debido a la ubicación estratégica de Corea, su historia ha sido comparada con un camarón golpeado en las batallas de las ballenas. Los forasteros ansiosos por explotar sus puertos y recursos naturales trajeron su comercio y sus culturas a Corea y, muy a menudo, sus armas. También trajeron sus religiones.

La religión nativa de Corea es una especie de chamanismo primitivo. Se cree que los chamanes, o mudangs, como los llamamos, tienen poderes especiales para comunicarse con el mundo de los espíritus. Adivinan el futuro y piden bendiciones a los espíritus, como una cosecha abundante o alivio del sufrimiento, como por ejemplo, una enfermedad. También se comunican con los espíritus que se cree habitan en los bosques y montañas y en los árboles y rocas.

Cuando los chinos introdujeron el budismo en Corea en el siglo IV, este folklore no desapareció ni se formalizó en si en una religión distinta como el taoísmo en China o el sintoísmo en Japón. Los coreanos simplemente implantaron nuestras antiguas creencias en las enseñanzas budistas, que siguieron siendo la influencia religiosa dominante en Corea hasta el siglo XIV. De manera similar, cuando el confucianismo se alzó para ocupar un lugar prominente en la vida religiosa durante los siguientes quinientos años, lo hizo junto con esa tradición popular, no en lugar de ella.

Ese proceso de incorporación de creencias nativas a otras doctrinas religiosas continuó en el siglo XIX cuando el budismo experimentó un resurgimiento y el cristianismo se introdujo en Corea. Incluso hoy en día, cuando el cristianismo es la religión de más rápido crecimiento en un país donde todavía predomina el budismo, el folklore continúa ejerciendo un poderoso control sobre la imaginación de hasta los coreanos más modernos. Un cristiano que va a misa el domingo por la mañana también podría hacer una ofrenda al dios de la casa por la tarde y no ver ninguna inconsistencia.

Además de las antiguas creencias en el culto a los antepasados ​​y el mundo espiritual, hay una fuerte tendencia mesiánica en mi cultura. La idea de que el Mesías o el Heraldo de el Righteous Way (Camino Recto) apareciera en Corea es anterior a la introducción del cristianismo en Corea hace cien años. Tiene sus raíces en el concepto budista de Maitreya y la idea confuciana de Jin-In o el Hombre Verdadero y en los libros de profecía coreanos, como el Cheong Gam Nok.

Del mismo modo, la noción de reyes gobernando por derecho divino aparece en las primeras leyendas del país. Como niños, todos aprendemos el antiguo cuento popular coreano, el mito de Tangun, que era el hijo del espíritu divino Hwan-Ung y que a su vez era el hijo del Señor del Cielo, Hwan-in. Según la leyenda, Hwan-in le otorgó a su hijo permiso para descender del Cielo y establecer el Reino de los Cielos en la Tierra. Hwan-Ung llegó a Corea. Allí se encontró con un tigre y una osa que le preguntaron cómo podían volverse humanos. Hwan-Ung les dio de comer comida sagrada. La osa obedeció y se transformó en mujer. El tigre no obedeció y se vio obligado a seguir siendo una bestia. Hwan-Ung se casó con la mujer, y Tangun nació de esta unión de un espíritu divino y de la que antes era una osa. Tangun estableció su residencia real en Pyongyang y llamó Choson a su reino en la tierra.

Fue en este suelo fértil que las ideas mesiánicas del Reverendo Sun Myung Moon echaron raíces en la segunda mitad del siglo XX. ¿Cuánto de su biografía oficial es históricamente exacto y cuánto es un mito fabricado? Es una pregunta que nunca hice siendo una niña. Absorbí la historia del Reverendo Moon de la misma manera que el arroz absorbe el agua. Desde que nací me enseñaron que él no era solo un hombre santo o un profeta. Él fue ungido por Dios. Él era el Señor del Segundo Advenimiento, el guía divino que uniría las religiones del mundo bajo su liderazgo y establecería el Reino de los Cielos en la Tierra. Las denuncias contra él por parte de las religiones principales como un líder de culto eran similares a la persecución de Jesús. El Reverendo Moon fue inspirado divinamente para completar su misión.

El reverendo Sun Myung Moon nació como Yong Myung Moon en una aldea rural de la provincia de Pyongan del Norte en el noroeste de Corea, a tres millas de la costa, el 6 de enero de 1920. Era el quinto de ocho hijos. Su nombre de nacimiento se traduce como Shining Dragon (Dragon Brillante). Esto se convirtió en un problema más adelante en la vida. Debido a que el dragón es un símbolo de Satanás, cambió su nombre a Sun Myung Moon cuando se convirtió en un predicador itinerante.

En el momento del nacimiento del Reverendo Moon, mi país sufría bajo el yugo de la ocupación japonesa. Japón había colonizado Corea en 1905, una ocupación que no terminó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Los cristianos entonces formaban menos del 1 por ciento de la población coreana, pero el cristianismo desarrolló fervientes seguidores en nuestra sociedad estratificada. Los misioneros protestantes habían llegado a Corea desde Europa a mediados de la década de 1880. Habían sobrevivido a pesar de su oposición al culto a los antepasados, en parte porque el cristianismo enseñaba que todos eran hijos de Dios, una idea revolucionaria en lo que aún era una sociedad rígida y feudal.

Incluso la aristocracia en el antiguo reino coreano de Silla fue clasificada de acuerdo con lo que se conoció como sistema de rango óseo, o golpum-jedo (골품제도, 骨品制度). [Estaba estrictamente basado en la línea sanguínea hereditaria de una persona y había muy pocas posibilidades de movilidad social. Así actuó como un sistema de castas. El rango óseo de una persona regía su estatus oficial y el nivel de autoridad que se les permitía manejar y sus derechos matrimoniales, y también el color de sus prendas y las dimensiones máximas de su vivienda.] La élite fue dividida en tres clases: la seonggol (성골, 聖骨), o clase de huesos sagrados, de la cual surgieron los reyes sagrados; el jingol (진골, 眞骨), la clase de los huesos verdaderos o la aristocracia superior; y el dupum (두품, 頭品), clases principales, que incluían a todos los demás miembros de la aristocracia. [Debajo de ellos estaba la población general no privilegiada.] Esto influiría en la organización de la propia religión de Sun Myung Moon.

 


Información en español:

Nansook Hong entrevistada

Una mujer japonesa fue reclutada por la Federación de Familias y luego vendida a un granjero coreano

Teología de Sun Myung Moon para sus rituales sexuales

Sun Myung Moon fue excomulgado en 1948

Moon y estudiante de Ewha – escándalo sexual en 1955

Transcripción del video de la Tragedia de Las Seis Marías

Secta Moon, a modo de introducción

Transcripción del video de Sam Park 2014

‘El Imperio Moon’ por Jean-François Boyer

Actividades de la Secta Moon en países de habla hispana

Mis Cuatro Años y Medio con el Señor de las Moscas


La “Iglesia de la Unificación” (ahora conocida como la “Federación de Familias para la Paz y la Unificación Mundial, 1996”) o Secta Moon es una secta fundada por el coreano Sun Myung Moon que se esconde detrás de varios nombre y organizaciones de fachada, como el de “Federación de la Mujer para la Paz Mundial, WFWP (1982)”, “La Federación para la Paz Universal, UPF (2005)”, “Asociación Internacional de Parlamentarios por la Paz, IAPP (2016)”, Asociación para la Unificación del Cristianismo Mundial, AUCM”, “CAUSA”, “La Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial, HSA-UWC (1954)”, “La Federación Interreligiosa e Internacional para la Paz Mundial, IIFWP (1999)”, “Federación Interreligiosa para la Paz Mundial, IRFWP (1991)”, “La Cumbre del Consejo para la Paz Mundial, (1987)”, “Alianza de Amor Puro, PLA (1995)”, “Federación Internacional para la Victoria sobre el Comunismo, IFVOC” y el “Movimiento Universitario para la Búsqueda de los Valores Absolutos, CARP”, entre otros.


en inglés

Nansook Hong interviewed

Nansook Hong’s video gets nearly one million views! (includes transcript)

Nansook Hong – In The Shadow Of The Moons, part 1

Nansook Hong – In The Shadow Of The Moons, part 2

Nansook Hong – In The Shadow Of The Moons, part 3

Nansook Hong – In The Shadow Of The Moons, part 4

Whitney Houston a no-show at Moon’s mass wedding ceremony


en francés

« L’ombre de Moon » par Nansook Hong, partie 1

« L’ombre de Moon » par Nansook Hong, partie 2

« L’ombre de Moon » par Nansook Hong, partie 3

« L’ombre de Moon » par Nansook Hong, partie 4


en alemán

Nansook Hong – Ich schaue nicht zurück, Tiel 1

Nansook Hong – Ich schaue nicht zurück, Teil 2

Nansook Hong – Ich schaue nicht zurück, Teil 3

Nansook Hong – Ich schaue nicht zurück, Tiel 4


en japonés

Nansook Hong’s interview on ‘60 minutes’ translated into Japanese
TV番組「60分」で洪蘭淑インタビュー

文鮮明「聖家族」の仮面を剥ぐ – 洪蘭淑

わが父文鮮明の正体 – 洪蘭淑

わが父文鮮明の正体 – 洪蘭淑 4